El vómito de mi monstruo

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“Pensar tanto en la vida me excluye de ella”, reflexiona Martina, la protagonista de la fantástica novela de Viviana Fernández titulada `La Voluptuosidad de la tristeza´, presentada en febrero y devorada hoy por mi, ingestada con mucho cariño.

Hace meses que pienso en este blog, en este espacio creado para escribir y, sin embargo, en el que menos he escrito desde que me dediqué a pensar…sólo pensar. Si me pongo a elucubrar sobre lo que yo esperaba (todavía recuerdo el teclear de la redacción en la que trabajaba, donde todos bailábamos al compás de un objetivo tan sano como parir un periódico cada sábado), siento tristeza. Es un sentimiento extraño porque nos dejamos todas nuestras sonrisas mañaneras en un pozo negro del que no fui consciente hasta salir. De aquí a hablar de la crisis no hay más que un paso que me niego a dar, primero porque imagino el final, segundo porque no soporto la autocompasión y tercero porque no me gustan los finales llenos de  interrogantes. Antes que dudar, me voy a Alemania.
“La falta de escrúpulos y la discreción son las únicas políticas necesarias en este negocio ampliamente fructífero”, me divierte Martina cuando hace esta afirmación a la que añade que “prometer no es sólo gratuito sino que, además, es altamente provechoso”.  Esto último es válido también para el amor porque no le vamos a dejar este peso eterno, o por lo menos para mi lo sería, a empresarios que se han forrado a costa de personas que estaban creyendo compartir un sueño cada día.
“Vivir sin esperanza ni justicia es muy doloroso”, asiento con la cabeza mientras que la protagonista de este libro, después de haber sufrido un embarazo psicológico se intenta curar de su propia lástima tras haber quedado cancelada su boda, más bien, yo diría que ella al completo había quedado “cerrada por vacaciones”. Y es que esta novela se pregunta constantemente que es la felicidad, algo que parece convertirse en una pregunta eterna, ya no por acordarme de muchas charlas con amigas en un parque de barrio o en un bar, sino porque mientras que me hago un filete en la sartén escucho en los informativos que la reportera a pie de calle pide a los viandantes una definición de este concepto abstracto. Os podéis imaginar las respuestas, “son momentitos”, “el cumplimiento de alguna meta”, “algo que debería experimentarse por lo menos una vez”, “pequeñas cosas”, etc…
Me quedo con la apuesta de Martina: “puede que la felicidad sea desdramatizarlo todo y darse cuenta de que nada tiene demasiada importancia”. Voy a optar por esta opción y no porque cuando se deja de creer en Dios, enseguida se cree en cualquier cosa, frase excelente y cierta en muchos casos, sino porque siempre fui y fuimos muchos así. Hicimos lo que quisimos, elegimos con cabeza o sin ella pero elegimos, seleccionamos y no nos quedamos con lo que sobraba sino que pedimos y sino obtuvimos lo pedido o lo soñado, nos marchamos, porque nada fue tan importante para dejar de reírnos.
Ha sido una lectura maravillosa, es increíble como un libro puede llegar a caer en tus manos en el momento oportuno, así dicen también que llegan los trabajos, seguiré soñando, bueno, no quiero ser tan dura, mejor seguiré pidiendo.
Estoy de acuerdo con Martina en que “es curioso como nuestro tiempo no vale nada cuando no sabemos que hacer con él. Todo se rige por la ley de la oferta y la demanda, el exceso de tiempo devalúa su valor. Sólo lo que percibimos como escaso es precioso”. Asi que me pongo manos a la obra para trabajar en la idea de aceptar que lo abundante también es grandioso y que nosotros somos los que hacemos que algo sea o no valioso.
Valiosa es “La voluptuosidad de la tristeza” y valiosa es Viviana porque en un mundo cercado de avaricia, fraude, robo y fama, ha florecido su segundo trabajo con mucho esfuerzo y dedicación pero sobre todo, con mucho amor.
¡Felicidades escritora!, ahora entenderás por qué mi monstruo al igual que el de Martina vomita de vez en cuando, hay que saber convivir con él, no dejarle salir pero si escucharle y respetarle. A fin de cuentas, es parte de mi.
Texto: Natalia Pulido. @npulidojimenez
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