Mi lugar en el mundo

Buscando a Eimish

Todos nos hemos sentido perdidos alguna vez. Nuestras vidas divagan entre miles de opciones que elegir y otros miles de caminos que recorrer. Si hay algo que nos haga pisar firme o que por lo menos nos convezca de que lo que estamos haciendo lo hacemos con soltura y decisión, ese algo es el amor. Venga de donde venga.

El amor sano, el amor del bueno, hace que sientas la necesidad de avanzar y que te levantes con la fuerza y las ganas de comerte el mundo. Un mundo que te hace continuamente flaquear, dudar de si estás preparado o no para enfrentarte al día siguiente. El amor te hace simplemente luchar con ventaja contra otro amanecer.
Este sentimiento te coge de la mano y te eleva con la potencia necesaria para volar y alcanzar una perspectiva de la vida en la que todo queda reducido a pequeñas cosas en las que ninguna tendrá la suficiente importancia para conseguir dejarte bloqueada porque es sólo en ese momento cuando los problemas se ven diminutos. Uno puede encontrar este “amuleto” en la familia, en los buenos amigos y sorprendentemente también lo puede descubrir en una persona desconocida que pasa automáticamente a mostrarte un nuevo lugar en el mundo.
Eso es precisamente Buscando a Eimish. La creencia de que ese apoyo, tan básico, se ha perdido… se ha esfumado. El comienzo de una lucha constante en no caer, en no dar ese giro que te haga ver que ahora las cosas gigantescas pueden convertirte en diminuta. Así, ha llegado por fin a la gran pantalla este fin de semana el primer largometraje deAna Rodríguez Rosell, rodado entre MadridBerlín y Verona, que pude disfrutar hace meses en el Festival de Cine de Málaga y que tenía unas ganas inmensas de que llegara a los cines. Una cinta que es, sobre todas las cosas, una historia de amor.
En millones de ocasiones hemos oído como en una pareja sucedía lo siguiente: “yo quería dar un paso más pero sentí que la otra persona no”, confesión del afectado. Y ahí, justo ahí, comienza la desesperanza, el fracaso y el conflicto deBuscando a EimishManuela Vellés, que interpreta a esta chica, pasa de sentir que vuela sobre el planeta a resbalarse sobre él. En ese mismo momento de saborear la inseguridad decide huir, pero decide ‘huir hacia delante’. Una expresión que ayer retumbó en mis oídos mientras que devoraba la novela El tiempo entre costuras de María Dueñas cuando la protagonista expresa lo siguiente: “Pero el tiempo corría ya en mi contra, no tenía más remedio que huir hacia delante”.
Reflexioné sobre ese tipo de huidas y definitivamente me parecen de valientes. Eimish de aspecto dulce y aniñado se convierte en una luchadora en busca de la lucha y hace que todos los que giran o giraron a su alrededor en un pasado entren en esa misma búsqueda.
Lucas, interpretado por Oscar Jaenada, un chico joven, tal vez conformista con su día a día, se encuentra con el dilema de que Eimish le ha abandonado y despierta automáticamente en él otra lucha indeseada a priori: encontrar a ese complemento al que nunca le había dado la importancia suficiente. O tal vez si, pero a su manera.
Entre viajes y búsquedas por Europa del amor huido, Ana Rodríguez Rosell envuelve al espectador en un escenario mágico, el de los amigos que encarna Roberto (Jan Cornet) y el de la añoranza de los sueños personificado en Lupo (un gran Birol Unel). Ambos se convierten en el refugio donde habitan los resquicios del amor, entre sueños rotos y un futuro empañado y ‘borracho’ de melancolía. Unas imágenes preciosas recorren la tienda de música en la que Roberto en su interior y Lupo en el exterior caminan paralelos al ocaso de la alegría…hasta que aparece Eimish.
En un plano lejano pero presente continuamente a lo largo de la cinta se encuentra Emma Suárez en el papel de Valeria. Una mujer triste, bonita por fuera pero podrida por dentro, una mujer que odia a los hombres y no lo quiere ni disimular. Una mujer que en la distancia influye en Eimish sin quererlo.
La película es un abanico de sentimientos, una tormenta de personajes reales que buscan su lugar en el mundo. Sin entender a una crítica dura que tachaba a los personajes de la historia “como un puñado de modernos, cada cual más excéntrico”, yo diría a los lectores de este blog que se animen a verla porque estoy de acuerdo con las palabras de Oscar Jaenada. “Lejos de parecerme naif, que quizá el amor es lo más naif que hay, que te pille esto con 30 años puede verse algo infantil, pero pasa y yo quería que esto se viera. Algo tan sencillo puede romper la estructura de Lucas, un tipo que a priori lo tiene todo tan establecido”.
Porque como niños, todos los seres humanos, a veces necesitamos un beso. Y no vale un beso cualquiera sino ese beso que marca la diferencia en el momento oportuno para no tener que huir hacia delante jamás… aunque sea de valientes.
Enhorabuena al director de fotografía Pau Mirabet y al director de arte Gustavo Ramírez, por esos entornos tan bonitos con unas imágenes tan bellas. ¡Un curro magnífico!
Texto: Natalia Pulido. @npulidojimenez
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