El documental ‘La once’ de Maite Alberdi: el ritual de la amistad

DOCUMENTAL LA ONCE EL RITUAL DE LA AMISTAD

Desde que era pequeña les miraba con atención intentando, como cual detective, analizar todo lo que se les pasaba por la cabeza a esos seres entrañables, investigarlos, sacarles el jugo de unas vidas más que interesantes todas ellas. Aquellos seres eran mis abuelos. Ahora que he crecido, sólo tengo a mi abuela y las obligaciones hacen que no pueda observarla constantemente. No es una motivación que sólo me atañe a mi, en la familia parece que todos tenemos un mismo objetivo: conocer nuestra historia a través de esos ojos que, si no lo han visto todo, lo han visto casi todo.

Cuando visioné la cinta ‘La once’ de Maite Alberdi en el festival DocumentaMadrid 2015, que vive estos días su XII edición, me resurgió esa importancia que tiene captar esos momentos únicos, que desgraciadamente, no volverán a ocurrir.

‘La once’ (Tea time) es un documental chileno de 70 minutos donde la directora nos muestra el ritual que lleva a cabo su abuela una vez al mes durante los últimos sesenta años. Así, María Teresa Muñoz (la abuela de la directora Maite Alberdi) ha creado junto a sus amigas un espacio único, dedicado por y para ellas, donde tras el ritual de preparar una buena merienda y degustar dulces exquisitos, se quitan la palabra unas a otras para debatir sobre lo que les rodea y recordar juntas momentos inolvidables.

CARTEL DEL DOCUMENTAL LA ONCE

“Desde niña había participado como mera observadora en esas tertulias entre amigas pero decidí hacer este documental cuando pedí a mi abuela que viniese a la presentación de un trabajo que había hecho con mucha ilusión y me dijo que ese día era imposible porque tenía su cita con las amigas”, cuenta Maite. “Ahí me di cuenta de la importancia que tenía este encuentro para ellas”.

Con dos cámaras fijas y sin ninguna interacción del exterior, este grupo de mujeres de la tercera edad que miran al mundo desde su formación conservadora y que se han visto obligadas a adaptarse, invitan al espectador a sentarse a la mesa con ellas y reírse de la vida a carcajada limpia. Ojos que esconden sufrimiento por la pérdida de seres queridos y por el paso de los años pero que, repentinamente, se convierten en muchachas con esa vitalidad que recobran en estas citas con sus “colegas”.

“Me di cuenta que las amigas no hablan de sus vidas porque ya se las saben”

“Lo que más les costó es no hablar todas al mismo tiempo. Solían secretearse entre ellas y era imposible que se escuchara nada con claridad pero al final aprendieron a darse paso”, sonríe Maite cuando recuerda el proceso de grabación. Todas confiaron mucho en ella porque era la nieta de María Teresa y en ese té de media tarde se colaron las cámaras durante cinco años de sus vidas.

En palabras de la autora, lo más dificultoso a la hora de guionizar esta historia real es que, como todas las amigas del mundo, en aquellas reuniones no se ponía en antecedentes a nadie. Las amigas son amigas las 24 horas del día, se conocen desde la escuela y saben sus vidas desde el principio hasta el final. “Me di cuenta que las amigas no hablan de sus vidas porque ya se las saben. Me sorprendió porque pensé que hablarían más de la familia y me encontré con ese espacio tan íntimo, sólo para ellas, donde recordaban sus cosas sin necesidad de explicarlas”.

DOCUMENTAL CHILENO LA ONCE

Se colapsan recuerdos de la escuela, de algún novio pasado, de aquel marido ya fallecido y del hombre vivo al que una atiende porque así le enseñaron a ser. Mujeres devotas de sus casas, que fueron criadas para desvivirse por los suyos pero que esconden a la vejez esa rebeldía tan simpática de cuestionarse al final de sus vidas todas las reglas recibidas.

Pero si hay algo bello que destacaría por encima de todo es como estas mujeres en cada reunión, vuelven a escuchar sus historias una y otra vez con cara de sorpresa, como si fuese la primera vez que las oyen en boca de esa amiga que cuenta entusiasmada el relato. Las amigas se resumen así, te cuentan una y otra vez lo que les preocupa, lo que anhelan, lo que desean, lo que añoran y la que escucha, pone al servicio su oreja para volver a debatir, como ya lo ha hecho en mil ocasiones, esa cuestión tan importante para la otra.

Así son las abuelas. Importantes para todo el ramaje que viene detrás de ellas, de las que absorbemos todo. Aquellas que, por un momento, son capaces de olvidarse del poco tiempo que les queda para contarnos una vez más esa historia trepidante.

‘La once’ se estrenará en Chile el próximo 4 de junio y desde aquí le mando mis mejores deseos y mi más sincera enhorabuena a todo ese equipo que ha sabido escucharlas con atención, con la cara que ponen los nietos cuando se nutren de esas pequeñas lecciones, las más importantes de la vida.

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