Exposición IntercambiARTE: el baile de las musas

Exposición IntercambiARTE La inspiración pocas veces surge de la nada. En muchísimas ocasiones uno va caminando por la calle y se encuentra con un cartel que le inspira, una fotografía que le traslada a algún lugar, una canción que le aflora algún sentimiento enterrado o se cruza con alguna conversación que le hace profundizar sobre un tema en concreto.

Tras el objetivo de encontrar a nuestras musas, fui invitada a participar en un trabajo colectivo que surgía de la idea de la importancia del intercambio cultural y la inspiración que encontramos en obras de otros autores para crear las nuestras propias. Un ejercicio tan interesante que no dudé en apuntarme. Y así, me llegó la obra de un autor/a desconocido, una fotografía a la cual debería responder con lo que me naciera de dentro. Como me encanta escribir, de aquella imagen nació un relato corto titulado DESGARRO.

Si vives en Madrid o casualmente estás en Madrid por cualquier motivo, no te puedes perder hoy la inauguración de la exposición titulada ‘Intercambiarte’, organizada por Free – Escuela de Fotografía Digital, que estará durante el mes de julio. Allí, los asistentes podrán ver numerosas obras de diferentes autores y disfrutar también de las respuestas de otros tantos que se han inspirado a partir de ese enlace conductor.

Cuando me encontré con ese retrato, sentí una necesidad enorme de escupir palabras que reflejasen la importancia del momento, las decisiones que se toman en un lugar y a una hora determinada, la fuerza y la rabia que nos hace dar un paso que nunca sabremos, hasta el final de nuestros días, si fue aquel camino el acertado. La magia está en la decisión, en la apuesta que hacemos en un determinado momento, en la lucha brutal en la que nos vemos envueltos cuando, contra viento y marea, sentimos que es el ahora o nunca.

Os dejo mi relato corto y espero que os entre el gusanillo de conocer que imagen fue la que me inspiró a esta escritura. Agradezco también a la Escuela Free por dejarme participar en este ejercicio tan interesante. Hoy, en la calle Embajadores, 53, en el Centro Social Autogestionado La Tabacalera, dentro del Espacio Free de esta Escuela de fotografía conoceremos a los autores que han hecho bailar a las musas de cada uno de los participantes. ¡Hay muchas ganas de intercambiar impresiones! ¡No os la perdáis!

RELATO CORTO: DESGARRO

Si hay algo que guardo en mi memoria es el momento del desgarro. No quise compartir con ella nada más y, cansado de ser testigo fiel, cerré las puertas.

 

Miraba fijamente el agua del riachuelo, apoyada en la madera de un puente que lo atravesaba. Llevaba varias horas hipnotizada, rememorando lo sucedido, muchas felicitaciones martilleaban sus pensamientos, quedaban minutos para que terminara aquel tormento, pronto llegaría a su fin aquella festividad absurda de todos los años, maldito día 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Al son de un recuerdo empezó a mover su pie como aquel día en la tienda de zapatos. Corría el año 2015 y con sus 52 años envueltos en una mochila de ilusión renovada por esa llamada, entró en la zapatería buscando unos tacones que le adentrarían de nuevo en el paraíso.

– Tienen que ser espectaculares pero cómodos –pensó en voz alta.

La dependienta no dudó en asaltarla. Aunque la frase más repetida por aquellos tiempos era ‘ya se ha acabado la crisis’, el jefe del local había amaestrado a todas sus trabajadoras para degollar a los clientes, nadie se podía ir sin comprar y Soledad no iba a salir de allí sin su bolsa. La crisis económica y social en España no había acabado.

– ¿Le puedo ayudar a encontrar lo que está buscando señora? -le preguntó la empleada con los ojos marcados a fuego en la comisión que podría obtener. El último mes se le había dado muy mal y, a pesar de trabajar diez horas en la tienda, su salario era miserable si no se convertía en la hiena que tenía que potenciar.

Y así, Soledad le contó a aquella chica, que le habían llamado para realizar una entrevista de trabajo de lo suyo, por fin de lo suyo.

– Soy periodista o eso quiero creer, porque la última vez que pisé una redacción tenía 33 años. Nos despidieron de mala manera porque la empresa se declaró insolvente y no he parado de deambular por trabajos precarios que no han hecho más que aumentar mi decepción conmigo misma. Pero hoy es un gran día, por fin me llaman del departamento de comunicación de una empresa para conocerme y quiero causar la mejor de las impresiones para que no haya ninguna duda de que soy la persona que buscan.

Entre risas y confesiones se empieza a cerrar un círculo en el que, en la mente de Maite, desaparece la idea de cazador y cazado.

– Así me va –piensa Maite acordándose de las comisiones.

Soledad no tiene mucho dinero para gastarse en unos zapatos de tacón pero si que hará un esfuerzo si Maite se lo pide. Un simple “te quedan maravillosos” o “te estaban esperando, te van como anillo al dedo”, ganarán la batalla.

La esperanza recuperada por Soledad ha invadido la tienda, se vuelve a sentir bella, feliz, ambiciosa y lo más importante, capaz. Ante ella, unos tacones, blancos, un blanco que le ilumina el rostro.

– Tengo un traje negro que iría con ellos fenomenal –dice contentísima.

Ya se visionaba en aquel puesto, entrando todas las mañanas por la puerta de su oficina, saludando a sus compañeros. Algunos se convertirían en grandes amigos con el tiempo y otros, pasarían por su larga carrera profesional en ese lugar, sin pena ni gloria. Escribiría sobre proyectos culturales y sociales en los que la empresa participaba aportando su dinero, era un sueño al alcance de su mano, no había nada más en el mundo que fuera tan importante. Nada más en el mundo. Tendría que madrugar, pero levantarse muy pronto para hacer aquello que desea, era para ella un auténtico regalo.

Hace dos años que había perdido la ilusión, nadie le llamaría se repetía continuamente. Muy lejanos quedaban ya los días de estudiante, los sueños de ser corresponsal de guerra, estar al pie de la noticia, hacer llegar al mundo sus crónicas de la verdad de lo que pasaba en ese determinado país en conflicto. Nada era imposible en la facultad, allí se tejían los anhelos a una velocidad vertiginosa.

Pero la vida le había dado unas cuantas patadas, mucho tiempo recibiendo un ‘no’ como respuesta o, tal vez, muchos años conformándose con ese ‘no’, asumiéndolo.

La palabra conformar, en una de las acepciones de la Real Academia Española, expresa el reducirse, sujetarse voluntariamente a hacer o sufrir algo por lo cual se siente alguna repugnancia. Bendito significado que resume la vida de Soledad.

Conformándose, había luchado sin fuerzas contra jefes absolutistas, dueños de garitos malolientes en los que había que tragar mucho para dar una imagen al exterior de divinidad y excelencia. Tragar y tragar era lo que había hecho Soledad durante muchos años de su vida.

– Te estaban esperando, te van como anillo al dedo –soltó Maite en pro de la supervivencia.

Así fue como Soledad pegó un brinco y paseó subida a los tacones de la victoria por toda la tienda. Maite aplaudía y lo hacía por dos razones, una era la venta magnífica que acababa de hacer y que saboreaba minutos antes de producirse y otra, a esa mujer que, alzada en sus zapatos mágicos, desprendía ese amor por la vida que a veces los seres humanos soltamos con cuentagotas.

– Ojalá le cojan en ese trabajo, ojalá pueda recuperar tanto tiempo perdido –pedía Maite para sus adentros a un Dios que llevaba años desaparecido.

Tras pagar 170 euros, Soledad se despidió con una sonrisa gigante.

Dejó de mover el pie, se acabó el baile. El agua estaba aquel día cristalina y su silueta se reflejaba en un vaivén de apariciones, la vida y la muerte, el ser o no ser de la famosa obra de William Shakespeare.

Habían pasado 45 años de aquella escena, una toma casi cinematográfica ya. Soledad empezaba a sentir frío pero miraba impasible su reloj, de allí no se iría hasta finalizar el puto día.

– Es desagradable haber perdido la oportunidad -pensaba aquella mujer anciana mientras se clareaban sus arrugas en el agua, ese agua que mostraba la única verdad del momento. Su derrota en aquel día fatídico, que sólo le recordaba el poco acceso que tuvo a ejercer su profesión vocacional, le llevó a revivir las palabras de su padre.

“Nunca soñé con ser nada porque no nos educaron para soñar sino para trabajar en lo que saliera”, recordaba Soledad. ¿Había sido un error educacional su desgracia?

La última vez que pisó una redacción tenía 33 años. Se le escurrió el tiempo entre los dedos. Recordó su final, joven, rubia, sin arrugas, con mucha rabia en el corazón. Todavía guarda aquella fotografía en la que desafiaba al mundo guardando en sus manos la mejor jugada: una escalera de color.

No pudo evitar recordar a la persona que quiso compartir con ella su impotencia y sus desilusiones. Aquel ser que quiso entregarle su apoyo y que fue despreciado envuelto en una depresión sin destino.

Dio la vuelta a la fotografía donde todavía se leían aquellas letras borrosas: Si hay algo que guardo en mi memoria es el momento del desgarro. No quiero compartir contigo nada más y, cansado de ser testigo fiel, hoy cierro las puertas”.

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Un pensamiento en “Exposición IntercambiARTE: el baile de las musas

  1. Es un relato precioso, pero como la vida misma tiene sus momentos de amargura y de impotencia ante situaciones que no dependen de uno mismo, es posible que cada uno de nosotros estemos guiados por el destino y que es imposible luchar contra el. Pero lo importante es seguir luchando porque mientras luchamos seguimos soñando despiertos.

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